No tendría que decir esto (porque es al pedo y yo no tengo tanto tiempo como para escribir todo el día en el blog), pero, debido a la insistencia del estereotipo del porteño progre, copado y mundano que colma la naturalidad rutinaria de algunos desprevenidos, no me queda otra que dedicarle un lindo post.
1. El porteño es el argentino que más se considera italiano. Aunque jamás fue a Italia y su antepasado italiano se murió antes de que él naciese.
2. Ergo, odia a la Argentina; especialmente haber nacido en este país.
3. Por lo tanto, no vota al peronismo, expresión más argentina de la historia de la política del siglo XX.
4. Y lo de arriba no viene debido a una discordancia ideológica, tiene que ver sí con el poco sentido de lo popular que el porteño tiene. (Que también es una categoría construída, otro día hablamos.)
5. El porteño es paradójico: (defiende el individualismo) Se afirma, sin darse cuenta, capitalista, pero tiene un desprecio inigualable por sus clientes a la hora de hacer negocios.
6. Desprecia a su par, por considerarlo inferior.
7. Se siente tan inferior (con respecto a su bisabuelo europeo o a los europeos en general) que la personalidad que cosecha es la falsedad identitaria que los afirma como falsos superiores.
8. Argentina es Buenos Aires y EL INTERIOR.
9. El porteño considera al personaje del "interior" como sencillo, amable y clientelísticamente bobo.
10. El porteño se cree dueño de la verdad, la moral, las buenas costumbres y ese toque de elite que le falta a los incivilizados de todas las provincias.

11. Cree que su ciudad es la capital cultural de latinoamérica pero, además que se siente el más europeo de los latinoamericanos, considera inferiores a todos los países de la región, menos a Chile (y a Brasil porque el mundo mira sus avances).
12. Si es la capital cultural de latinoamérica, pues en 6 años viviendo acá no he conocido ni un centro de danzas ecuatorianas, ni un restaurante guatemalteco, ni un boliviano que no sea discriminado.
13. Y si los hay, están bien escondidos.
14. Si fuese la capital cultural de latinoamérica, los tamales se venderían en carritos en la calle, ninguna propaganda consideraría al cilantro como gourmet, y no habría miles y miles de restaurantes que tienen el mismo menú de pastas y pizzas (comidas del mas allá civilizado).
15. Habría tanta cantidad de capoeira, salsa, rumba y folcklore del norte argentino como tango. Sobre todo, no habría discriminación a las costumbres diferentes, a las personas que las practican.
16. Los porteños tienen una desopilante falta de confianza en si mismos, razón por la cual se siguen abriendo pizzerias cuya especialidad es muzzarella sin salsa (a mí me gusta la colombiana de ananá y canela o la dulce de Brasil) pero nunca un lugar en donde se vendan sanguches de vegetales o empanadas latinas.
17. Por lo tanto, la comida es siempre la misma mierda. (De hecho, la especialidad de la casa, la parrilla, es siempre un cacho de carne asqueroso en los restaurantes, por lo que hay que esperar irse a la casa y que el primo te cocine los mejores asados).
18. El porteño cree que Disco es un supermercado que tiene de todo, y, se siente re groso por comprar semillas de amapola al mismo tiempo que no es capaz de pedir permiso para correr el carrito de las compras.
19. Le molesta la corrupción pero votó a Macri y coimea al policía para que no le cierren el boliche lleno de cucarachas, o hace edificios sin matrícula (escuché ambos ejemplos, no invento).
20. Razón por la cual se siente un vivo re copado.
21. Pero es un bobo que no se asume como responsable de sus fracasos, sí de sus triunfos.
22. El porteño cree que las mejores ciudades del mundo son Nueva York, Londres, París y Buenos Aires.
23. Pero Buenos Aires es una copia falsa de París, no tiene los olores a comida de todo el mundo de Nueva York ni la identidad de Londres.
24. Cuando le preguntás qué hay de bueno en Bs As, qué hay de distinto, de único, te dice "muchas cosas", incapaz de especificar ni cinco.
25. No me banca porque estoy escribiendo este post.
PD: Yo también estoy estereotipando porteños. Pero mi imagen es, vamos a decir la verdad, empíricamente cierta.